
Quizás uno de los días más tristes del año. Una despedida insostenible la del MATADOR, máximo ídolo del fútbol chileno. Un nudo en la garganta al enterarme de la noticia, sin duda una gran pérdida para el fútbol nacional y mundial. Cuantos goles Matador, cuantas alegrías, cuantos índices al cielo y celebraciones rompiendo la voz y sintiendo la U en el pecho más aferrada que nunca. Es difícil asimilarlo aún. No habrá otro con esa presencia inevitable de notar en la cancha, habrá que esperar otros 20 años para ver nacer otro ídolo como tu con la gloriosa camiseta de la Universidad de Chile.
Me quedo con el consuelo de haber seguido toda tu carrera, de haber celebrado los 116 goles que metiste por nuestra insitución, me quedo con el consuelo de haber celebrado los dos títulos que nos entregaste y estar presente cuando nos sacaste de aquella sequía de 25 años. Eternamente agradecido de lograr que mi corazón se tiñera de azul con tus goles y el amor a la camiseta. Suerte en lo que venga Matador, ya sea en nuestra institución (empresa) o no.
Aquellos que te retiraban antes de esta campaña quedaron mudos. No tenías que demostrarle nada a nadie y aún así lo hiciste y con creces. Lloré como un bebé el domingo en la cancha, algún presentimiento tenía de tu retiro, muchas cosas se especulaban y se nos vino el tiempo encima. Siempre estarás en boca de todos por lo que hiciste por nuestra Universidad y por nuestro país. Tus goles quedarán en la memoria colectiva, así como tus más grandes momentos. Tu hinchada jamás te olvidará por lo que fuiste aquí y en el mundo entero. Se luchará para que la 11 sea tuya por siempre, de eso no cabe duda.

Mis hijos y nietos sabrán de ti, como yo quisiera saber de Leonel.